Ser verdaderamente fan de algo, sin llegar a los niveles obsesivos compulsivos pero acercándose bastante, en realidad significa estar solo. Por que no importa cuantas veces les digas a tus "amigos" cuanto te gusta, cuanto disfrutas tu afición, ellos jamás sentirán lo que tu sientes; no importará cuantas veces lo grites al mundo y a los cuatro vientos, el mundo jamás sentirá eso tan grande que tu sientes. Es más probable incluso, que terminen preguntándote si no tienes otro tema de conversación o si no te cansas de tu afición.
Ser fan es ser llamado inmaduro, cerrado, recibir miradas hostiles, es ser considerado más extravagante que un sapo de tres cabezas. Y no faltará quien pregunte "que harás cuando ya no puedas seguir con tu afición?", esperando verte sufrir con tu reacción.
Ser fan es estar realmente sólo. Es ser feliz sabiendo que esa felicidad no será compartida. Ni siquiera con una pareja -si es que se tiene una, porque este tipo de conductas tiende a alejar a la gente, que novedad-.
Aún así, yo elijo ser fan. Yo elijo esa felicidad en solitario. Elijo el silencio, las lágrimas y sonrisas que nadie sabe derramé de emoción. Elijo este amor no correspondido, por que me enseña algo nuevo cada día, por que me motiva a vivir un día a la vez, a intentar cosas nuevas... Porque me hace feliz, porque estoy sola, porque no necesito nada más.

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